Sentado en la terraza de la casa de mis suegros, en la Ronda de la Muralla, cualquier noche de verano, cierro los ojos y escucho el viento... Es el sonido del mar, las olas que llegan a la playa de mi náufrago corazón... Es el aire mañego, es nuestro mar, que nos refresca por la noche, que nos da la vida después del calor del día... Es el patrimonio natural de todos los mañegos... Es el sonido de los árboles, que se agitan...Es la corriente mañega que se cuela por nuestras ventanas y balcones...Es la brisa de nuestra montaña mágica, es el aire sin condiciones, bien recibido en nuestras casas, aire que esperamos impacientes a la caída del sol, allá por Portugal...Mar mañego, magia mañega...
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