lunes, 31 de agosto de 2009

Un fumador menos

El otro día presencié como un niño le decía a otro, con mucha energía, como luchando contra el mal y salvando a su amigo de las garras de un monstruo:

¡No, no! ¡No entres en el estanco, que te conviertes en un fumador!

Sinceramente, yo creo que le dio tal susto a su amigo del grito que le pegó, que no volverá a intentar entrar en un estanco en su vida, al menos, a comprar tabaco...