Sobre la acera duermen cuatro pétalos de rosa, ennegrecidos y abrasados por el inmenso sol, la enorme bola de fuego que arrasa las ideas, que quema cualquier pensamiento, que amarillea las hojas del libro diario de la vida, que insiste en que la primavera no debe existir y que sólo es cosa de cuentos de enamorados.
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