-Y tú... ¿Qué es lo que comes a diario? -le preguntó el viento frío al vagabundo-
-Me alimento de los variados y agradables aromas que se escapan de forma misteriosa y mágica de los numerosos restaurantes de las calles en las que sobrevivo, porque vivir, lo que se dice vivir, no vivo -respondió el vagabundo-.
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