Una mañana más, Madrid, una persona por coche, intento respirar... Imposible, la atmósfera huele a gas. Bajo las escaleras del metro, su boca me traga y paso del frío de la calle al calor de la gente. Abro las páginas del libro que llevo entre las manos y comienzo a leer: "Érase una vez una ciudad sin coches..."
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