sábado, 29 de diciembre de 2007

El calendario chino

Se acaba el año y es el momento de abrir las agendas y los calendarios del nuevo año que vamos a comenzar, el año 2008. Ayer, mientras escribía una líneas en el ordenador que desordena el orden espiritual, mi mujer se presentó en el despacho de casa con un calendario que le había regalado la vendedora china de uno de los bazares chinos del barrio.
-Toma -dijo la vendedora-. Es un calendario con fotos de paisajes de China. Es bonito.
-Muchas gracias -contestó mi mujer-.
Al llegar a casa, Christina lo colocó sobre el escritorio y no pude evitar la tentación de echar un vistazo a las fotos del calendario chino: ríos y pantanos de aguas cristalinas, pinos, eucaliptos, paisajes de tierras semidesérticas, caballos, altas montañas de cumbres nevadas que se bañan y que sobresalen de un inmenso mar de nubes, campos de flores de todos los colores... En definitiva, un extraordinario viaje a los maravillosos paisajes de China sin moverme de la silla del escritorio.
Es genial este mundo de los sueños en el que los paisajes vienen de visita a tu casa sin llamar a la puerta, porque no existen fronteras en la imaginación, porque todo es de todos y todo se comparte en los sueños, también los paisajes... Por cierto, el calendario se titula "Viajero sin frontera".
Por un momento se me olvidó todo lo que se movía a mi alrededor y fui un "Viajero sin viaje", pero viajero.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Un cuento

Mamá se encuentra ante el espejo del cuarto de baño, poniéndose las lentillas. De repente, aparece la princesita y tras observar a mamá con mucho interés le pregunta:
-Mamá... ¿Qué estás haciendo?
-Estoy poniéndome las lentillas.
-¿Para qué, mamá?
-Para ver mejor.
-¡Ah, sí...! ¡¿Como el lobo feroz?!

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Mensaje de un náufrago de la vida.

El tiempo se nos escapa a ninguna parte. No sabemos su destino, pero sí sabemos cómo transcurre, sí conocemos su rápido paso por nuestros artificiales relojes, de cuerda, de pulsera, de bolsillo, de sol, de pared, digital o analógico, da igual... El paso firme del "Dios Tiempo" no entiende de carcasas ni de formalismos ¿Por qué cuanto más mayores somos más rápido pasa el tiempo?.
El cruel mensaje del final de la vida, de nuestros días, será nítido y claro: "Te han quedado muchas cosas por hacer y has aprovechado muy mal el tiempo. Tu tiempo ha terminado."

domingo, 9 de diciembre de 2007

Los pingüinos

Ya hemos puesto en casa el árbol de Navidad y el belén. La princesita se encarga de poner su espíritu mágico en cada adorno navideño y en cada una de las figuritas del belén... La alegría en cada uno de sus gestos contrasta con la cara de asombro de su hermanito Luis, que vive su primera Navidad, y al que le ponemos un gorro de Papa Noel que le queda un poco grande.
Una vez terminado el belén navideño, la princesita se queda mirando fijamente el papel de pared que decora el fondo del nacimiento y que figura un paisaje nevado, y con cara de asombro nos dice:
-¡Papá, mamá! Hay que poner pingüinos...
-No, hija... ¿Por qué hay que poner pingüinos?
-Porque hay mucha nieve...

Mi pueblo


San Martín de Trevejo,
un rincón para soñar,
un lugar que es mi lugar,
el punto de referencia en el mapa de mi vida,
un sitio para descansar,
naturaleza viva en un valle único,
un sentimiento puro que me alegra compartir,
una brújula que te indica el camino correcto
cuando crees que las cosas de la vida ya no tienen sentido,
una señal del cielo en la tierra,
un regalo de nuestros antepasados,
el cruce de caminos entre la realidad y la fantasía.
San Martín de Trevejo,
duermo para soñar contigo,
vivo sólo para viajar y llegar a tí,
a tu plaza, mi refugio,
la frontera invisible de mis sueños,
que son los límites de mi realidad,
mi pueblo...

jueves, 6 de diciembre de 2007

Mi quesito

La princesita se detiene en su ágil y alegre caminar matutino y mirando al cielo exclama:
- ¡Papá, papá! ¡Es mi quesito! ¡Es como mi quesito!
- ¡Ah... La luna! ¡Es la luna!
-Papá ¿ A que la luna y las estrellas son amarillas como el sol?
-Sí, hija. Son amarillas.

martes, 4 de diciembre de 2007

Una ciudad sin coches

Una mañana más, Madrid, una persona por coche, intento respirar... Imposible, la atmósfera huele a gas. Bajo las escaleras del metro, su boca me traga y paso del frío de la calle al calor de la gente. Abro las páginas del libro que llevo entre las manos y comienzo a leer: "Érase una vez una ciudad sin coches..."

Sólo números.

La princesita señala con sus pequeños dedos hacia la pared de la cocina.
- Papá, papá... ¡Se han caído los números, se han caído los números!
-¿Qué números, hija?
-Sí, sí... ¡Los números! ¡Se han caído!
-¡Ah.... El calendario de la pared!
-Sí, ponlo otra vez en la pared, papá, para que sea Navidad...